13 de mayo de 2019

Afinando las Emociones

El Dispositivo de Performance Musical y la autoevaluación en la práctica musical

La formación musical en cualquiera de sus instancias implica un ejercicio recurrente de la evaluación y de la autoevaluación del desempeño, rendimiento y evolución de las destrezas y adquisiciones musicales. A esta puesta en acto evaluativa la llamamos performance musical. Sin importar que quien se encuentra en la situación de performer sea estudiante de cualquier nivel o profesional, en la performance musical son necesarios niveles intermedios de arousal para un desempeño óptimo técnico e interpretativo. Tener la tonicidad muscular adecuada, la concentración y la disponibilidad de la memoria para recuperar lo aprendido, necesarias para la ejecución musical depende precisamente de un nivel de arousal intermedio.

Por Gabriela Conti

La formación musical en cualquiera de sus instancias implica un ejercicio recurrente de la evaluación y de la autoevaluación del desempeño, rendimiento y evolución de las destrezas y adquisiciones musicales. A esta puesta en acto evaluativa la llamamos performance musical. Sin importar que quien se encuentra en la situación de performer sea estudiante de cualquier nivel o profesional, en la performance musical son necesarios niveles intermedios de arousal para un desempeño óptimo técnico e interpretativo. Tener la tonicidad muscular adecuada, la concentración y la disponibilidad de la memoria para recuperar lo aprendido, necesarias para la ejecución musical depende precisamente de un nivel de arousal intermedio.

El arousal es aquel grado de alerta fisiológico y psicológico que ocasiona el incremento de energía correspondiente a un estado expectante frente a una situación novedosa a atravesar, que en el caso del performer le permite estar disponible para la acción musical. 

Hemos encontrado que algunas intervenciones pedagógicas o situaciones en el contexto de formación académico durante las clases de instrumento o canto, tienden a propiciar la aparición de Ansiedad por Performance Musical (APM), es decir aquella ansiedad que se corresponde con niveles excesivos de arousal para la buena ejecución musical.

Durante el lapso que dura este incremento en el arousal habrá un cambio en la disponibilidad de la musculatura, la disminución de las sensaciones de dolor, el foco de la atención y el tipo de memoria que predomina. Una vez cesado el estresor el SNA regulará nuevamente al organismo para continuar funcionando regularmente. Sin embargo, su memoria hará acopio intelectual y sensorial de esta experiencia a los fines de una mejor preservación. 

Resulta fácil advertir entonces, que tanto las emociones como la memoria, quedan afectadas por modalidades de respuesta involuntaria. Cuando se trata de una situación de performance musical a la que el sujeto ha percibido como vulnerante, la respuesta del organismo fisiológico será de activación según el umbral con que haya quedado inscripta y el grado de inervación de ese individuo; propiciando una respuesta independientemente de la situación real a ser atravesada. 

 En el caso de la evaluación en clase, por ejemplo cuando ella resulta incompleta o falta de pertinencia, ocasiona detenciones cruciales en el aprendizaje, que finalmente elevan los niveles de APM. Ocurre que la evaluación dada en clase es introyectada por el alumno y repetida luego innumerable cantidad de veces durante cada jornada de estudio individual, constituyéndose en la estructura de su criterio musical para el abordaje de las obras y de la técnica. En este sentido una evaluación en clase falta de pertinencia, se transformará en una autoevaluación ineficiente que ocasionará la detención en el aprendizaje y el posterior incremento de ansiedad a la hora de mostrar frente otros el producto de su estudio.

 

Este desajuste pedagógico abre para nosotros un doble problema. En primer lugar el de su resolución, para optimizar el rendimiento en la performance y en segundo lugar el ético, de cuestionarnos nuestras modalidades de intervención en la práctica docente. Entender a la performance musical como un dispositivo de evaluación en la interpretación musical, permite reconocer los elementos constitutivos de un proceso dinámico donde los resultados tenderán a optimizarse en una dialéctica constructivista, posibilitando el arribo a instancias superadoras de adquisición de conocimientos y praxis musical. 

Necesitamos incorporar a nuestro sistema de enseñanza que querer no es poder, Querer, es simplemente eso: querer. Lo que no es poco, siempre es imprescindible un motor para iniciar un recorrido. Sin embargo hay muchas funciones en nuestro organismo que son automáticas y destinadas a la preservación de la salud, entonces debemos saber bajo qué circunstancias determinadas acciones van a dar el resultado que deseamos.

 

Gabriela Conti 

Doctorando UBA, IFIBIO - CONICET. 

Magister en Psicología de la Música – UNLP

Lic. en Música de Cámara – UNLa, 

Flautista, Profesora. 

Directora de Afinando las Emociones, Pedagogía de la Performance.

Autora de: Afinando las Emociones, Notas para una pedagogía afinada, El DPM como moderador de los vínculos en la enseñanza de música, entre otros.

Contacto: afinandolasemociones@gmail.com

www.afinandoemociones.com.ar

 
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